¿Tú te dices latino o hispano?
Hispano viene de Hispania, el nombre que Roma le dio a la península ibérica. El término quedó atado durante siglos a la lengua y a la herencia española. Estados Unidos lo convirtió en categoría oficial en el censo de 1980, para agrupar en un solo casillero a quien habla español o desciende de un país hispanohablante.
Latino viene del latín latinus, el adjetivo que nombraba a los habitantes del Lacio, la región italiana donde se fundó Roma, y a su lengua. Ese significado se estiró con el Imperio romano, y resurgió abreviado en la década de 1830: hacia 1860, intelectuales franceses como Michel Chevalier y políticos como Napoleón III y José María Torres Caicedo lo convirtieron en el concepto geopolítico de América Latina. Por eso, en ese sentido regional, Brasil entra ahí y España no.
Hoy el término opera en dos capas distintas. Culturalmente, se considera latino a cualquiera cuya lengua o herencia venga de las lenguas romances, lo que sí suma a España, Italia y Portugal junto a toda Iberoamérica. En Estados Unidos, en cambio, es sobre todo una categoría censal adoptada desde finales del siglo XX para nombrar a quien viene de América Latina, aunque en la calle se confunda a menudo con hispano.
Dos palabras. Dos historias distintas. Ninguna de las dos nació pensando en lo que tú sientes cuando llamas a tu madre en tu propio acento, o cuando bailas algo que aprendiste sin que nadie te lo enseñara.
La palabra que elijas no cambia la historia. El libro te da los datos para contarla bien, capítulo por capítulo.
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