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CAPÍTULO 1 DE LA COLECCIÓN

[ LECTURA · ANTES DE JUGAR ]

El código latino, contado para ti

Basado en el Capítulo 1 del libro, escrito para ti por Weimar

Imagina un rey que no le tenía miedo a nada. Ni a los monstruos, ni a los ejércitos enemigos. Le tenía miedo a una sola cosa: morir algún día y que nadie lo recordara jamás.

Ese rey se llamaba Gilgamesh, y vivió hace más de cinco mil años en una tierra lejana llamada Mesopotamia. Cuentan que era el más fuerte de su reino, tan fuerte que nada en la tierra podía detenerlo. Nada, excepto el tiempo. Y un día decidió algo enorme: se lanzó a buscar el secreto para vivir para siempre.

Cruzó desiertos. Enfrentó peligros que ningún otro se atrevía a enfrentar. Buscó por todos los rincones del mundo conocido un secreto que lo hiciera inmortal.

No lo encontró.

Volvió a su ciudad con las manos vacías y se sentó a mirar las murallas que él mismo había mandado construir. Ahí entendió algo que ningún tesoro le había enseñado: no iba a vivir para siempre en su cuerpo, pero sí en lo que había construido. Su nombre llegó hasta hoy, hasta este libro, cinco mil años después, escondido en esas piedras.

Esa historia me hizo pensar en algo. Tú también llevas un código escondido, uno que no se ve todos los días. Es como una mochila invisible que cargas desde que naces: tu manera de hablar, la comida de tu casa, las canciones que tarareas sin darte cuenta. A esa mochila también se le puede llamar identidad. La llevas puesta todo el tiempo, pero casi nunca la notas.

Hasta que un día te vas lejos.

Siendo muy joven, me tocó irme a vivir a otro país: eso, cuando alguien se muda buscando una vida mejor, se llama migración. Ahí sí sentí el peso de esa mochila. Me acuerdo de guardar monedas todo el día solo para poder llamar por teléfono desde una cabina pequeñita, donde apenas cabía yo con mis nervios. Marcaba el número y contaba los segundos antes de que se acabaran las monedas. Al otro lado del mundo alguien contestaba, y por un momento la distancia desaparecía. Algunos, además de hablar, mandaban parte de lo que ganaban a su familia en casa: a ese dinero se le llama remesas.

Cientos de personas hacían lo mismo cada tarde, en cabinas iguales, pegadas unas a otras, cada una con su propia historia sonando bajito al fondo. Cuando muchas familias con la misma mochila terminan formando una comunidad fuera de casa, a eso se le llama diáspora. Así fue, durante muchos años, como la gente como yo mantenía viva su mochila aunque estuviera al otro lado del océano.

Y aquí viene lo importante: esa mochila no es solo mía, ni solo tuya. Es de todos. Cuando comes algo tan latino como un alfajor y descubres que su receta viajó primero desde el mundo árabe, ahí está esa mochila hablando. Cuando bailas una cumbia sin saber que en ese ritmo laten tres continentes al mismo tiempo, ahí está, otra vez, la misma mochila.

No se trata de separar quién es de aquí y quién es de allá. Se trata de entender que todos cargamos piezas del mismo código, aunque vengamos de lugares distintos.

¿Quieres saber qué tan grande es esa mochila viajera? Prepárate, porque estos números son enormes.

Solo en España caminan hoy más de cuatro millones de personas nacidas en América Latina. Es como si una ciudad entera, del tamaño de varias capitales juntas, se hubiera mudado cargando la misma mochila que tú.

857 mil son colombianos. Súmale 600 mil venezolanos y más de 448 mil ecuatorianos, suficientes para llenar decenas de estadios de fútbol hasta el último asiento. En el Reino Unido son alrededor de doscientos cincuenta mil.

Y agárrate fuerte para esta última: si los latinos de Estados Unidos formaran su propio país, ¡tendrían una de las cinco economías más grandes de todo el planeta!

Ninguno de esos números viaja solo. Cada uno es una mochila como la tuya, cruzando el mundo.

Gilgamesh entendió que lo que construimos nos hace eternos. Tú, sin darte cuenta, ya estás construyendo lo tuyo: en lo que comes, en lo que cantas, en las palabras que usas para saludar. Ese es tu código latino. Y ahora que lo sabes, en los siguientes niveles vas a jugar con él.

Ahora que conoces la historia, es hora de jugar con los números.

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